Nuestros bloqueos mentales y cómo superarlos

La vida está llena de obstáculos que aparecen en nuestro camino a medida que vamos madurando y que nos ayudan a formarnos como personas: los exámenes del instituto, los problemas de pareja, los conflictos en el ámbito laboral, la educación de los hijos… La dificultad para superar estos obstáculos depende de nuestra habilidad y de la experiencia que hayamos adquirido con los años para lidiar con los problemas del día a día, aunque en determinados casos, esta experiencia resulta insuficiente cuando los obstáculos no proceden de elementos externos o ajenos a nosotros mismos.

En muchas ocasiones, somos nosotros mismos los que suponemos un obstáculo para la consecución de un objetivo concreto. Todas las personas estamos llenas de miedos e inseguridades que, cuando no se saben manejar adecuadamente, llegan a inmovilizarnos totalmente y nos hacen sentir incapaces de proceder y salvar el escollo. Pero, ¿cuáles son los mecanismos internos que nos producen esta incapacidad de enfrentarnos a nuestros problemas?

El cerebro humano es un órgano en constante cambio, puesto que su estructura interna puede ser modificada a raíz de la información que le suministremos. Cuando experimentamos acontecimientos de importancia vital para nuestro desarrollo personal, aportamos nueva información al cerebro, y esta a su vez modifica nuestras actitudes y conductas, que se irán repitiendo y/o volviendo a modificar al enfrentarnos con otras situaciones para las que dicha información ha sido albergada.

A nivel psicológico, por tanto, un bloqueo mental se entiende como una falta de información total o parcial sobre la forma de proceder ante determinadas circunstancias. También puede darse el caso de que nuestro cerebro albergue la información necesaria, pero que esta información se encuentre velada por una mayor cantidad de datos irrelevantes o inadecuados que distorsionan la realidad y nos alejan de nuestro objetivo. Es lo que comúnmente se conoce como “alimentarnos de ideas o pensamientos negativos”, del tipo: “¿Para que voy a estudiar? Seguro que me suspenden”; “¡Uff, no voy a ser capaz de entregar todo este trabajo a tiempo!”; “Mi bebé llora y no sé que necesita. ¡Qué mala madre soy!”. ¿Te resultan familiares estas situaciones?

¿Qué podemos hacer para eliminar este bloqueo mental y conseguir lo que nos proponemos? Pues ante todo, lo más importante es tener una actitud positiva y analítica ante los problemas.   Si el bloqueo se produce por falta de información, debemos acudir a las fuentes adecuadas para obtener dicha información y formarnos (tus padres, tus profesores, tu pareja, tus compañeros de trabajo, etc). Si el problema, sin embargo, radica en la acumulación de pensamientos negativos y derrotistas, entonces debemos realizar un ejercicio de introspección y analizar nuestros pensamientos atendiendo principalmente a dos criterios:

  • El criterio de objetividad: Pregúntate a ti mismo, ¿estás siendo objetivo con la manera en que te ves a ti mismo y al problema?
  • El criterio de utilidad. ¿Te sirven de algo todos esos pensamientos negativos? ¿Te están ayudando a salir del problema?

Durante este proceso de auto-análisis es necesario relajarse (practicar yoga y/o meditación son actividades muy recomendables en situaciones de bloqueo). Una mente despejada es capaz de procesar la información de manera más eficaz. Y sobre todo, debemos tener siempre en mente que la realidad es siempre relativa, y que tanto en uno como en otro caso, esa experiencia nos ayudará a seguir creciendo como personas, y eso ya es una ganancia en sí.

Eso que siempre te ha gustado… y lo sabes

Decía el filósofo español Ortega y Gasset en “Meditaciones del Quijote” aquello de “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Nuestra socialización a lo largo de los años nos hace aprender ciertas normas sociales y una serie de pautas de comportamiento que nos facilitan la relación con los demás y una buena integración en nuestro entorno para establecer relaciones, facilitarnos una convivencia armoniosa y una vida adulta lo más plena posible. Por supuesto, esto es altamente positivo, sin embargo en este proceso también perdemos o podemos perder muchas cosas.

Nuestro ser social en ocasiones gana terreno a nuestro ser “esencial”, en los pequeños gestos en los que tenemos en cuenta más el “que dirán” y eso nos hace renunciar a algo, cuando lo que te pide el cuerpo simplemente “no toca”, etc. Son multitud de gestos diarios y cotidianos, a los que apenas damos importancia y que finalmente nos van desconectando en mayor o menor medida de lo que somos en realidad y en esencia, y de lo que queremos realmente.

Algunas señales inequívocas de que estás perdiendo esa conexión con tu parte esencial son por ejemplo la falta de energía o las bajadas de ánimo. Tu yo interior intenta avisarte de que necesita que le prestes atención y vuelvas a conectar contigo mismo. Seguramente lo que estás haciendo está muy bien desde muchos puntos de vista, pero no es lo que de verdad tú quieres.

Absolutamente todas las personas somos únicas e irrepetibles. No importa cuán limitado hayas estado ni el tiempo que eso haya sido así, al igual que tampoco importa que nunca antes hayas podido hacer eso que siempre te ha gustado pues, con un esfuerzo de autoconocimiento e introspección, de reconectar contigo mismo, puedes descubrir todo aquello que sin querer está enterrado bajo las muchísimas capas que nos hemos ido poniendo con el paso de los años.

Cualquier momento es bueno para hacer un alto en el camino, escuchar las señales de tu cuerpo y recobrar la energía y motivación, eligiendo un nuevo rumbo o simplemente modificando suavemente tu itinerario. Verás que cuando te escuchas y haces caso a lo que de verdad quieres, todo fluye a tu alrededor, la alegría envuelve a tu lado y la energía surge para impulsarte. Ser consciente de ti mismo, de tu esencia, de tus capacidades, de tus aptitudes y de todo el potencial de tu ser esencial, te ayudará a superar las dificultades y a continuar adelante con la mitad del esfuerzo y movido por tu inercia interior.

Alcanzar un buen autoconocimiento implica proponérselo y hacerlo con disciplina. Aunque en otro post te hablaré más a fondo sobre algunos métodos que me encantan, los más conocidos son: meditar, conectar con la naturaleza, conectar con tus sentimientos y observas las reacciones que producen en tu cuerpo, preguntarte que harías sin parar si tuvieses toda la libertad del mundo…. Piénsalo, ¿no crees que merece la pena dedicar un poco de tiempo a esta tarea?

Nunca es tarde para ampliar tus horizontes, descubrirte y dejar atrás todo lo que pensabas querer y no te llenaba y, como decía Gasset: “ salvarás tus circunstancias y a ti mismo”.