Eso que siempre te ha gustado… y lo sabes

Decía el filósofo español Ortega y Gasset en “Meditaciones del Quijote” aquello de “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Nuestra socialización a lo largo de los años nos hace aprender ciertas normas sociales y una serie de pautas de comportamiento que nos facilitan la relación con los demás y una buena integración en nuestro entorno para establecer relaciones, facilitarnos una convivencia armoniosa y una vida adulta lo más plena posible. Por supuesto, esto es altamente positivo, sin embargo en este proceso también perdemos o podemos perder muchas cosas.

Nuestro ser social en ocasiones gana terreno a nuestro ser “esencial”, en los pequeños gestos en los que tenemos en cuenta más el “que dirán” y eso nos hace renunciar a algo, cuando lo que te pide el cuerpo simplemente “no toca”, etc. Son multitud de gestos diarios y cotidianos, a los que apenas damos importancia y que finalmente nos van desconectando en mayor o menor medida de lo que somos en realidad y en esencia, y de lo que queremos realmente.

Algunas señales inequívocas de que estás perdiendo esa conexión con tu parte esencial son por ejemplo la falta de energía o las bajadas de ánimo. Tu yo interior intenta avisarte de que necesita que le prestes atención y vuelvas a conectar contigo mismo. Seguramente lo que estás haciendo está muy bien desde muchos puntos de vista, pero no es lo que de verdad tú quieres.

Absolutamente todas las personas somos únicas e irrepetibles. No importa cuán limitado hayas estado ni el tiempo que eso haya sido así, al igual que tampoco importa que nunca antes hayas podido hacer eso que siempre te ha gustado pues, con un esfuerzo de autoconocimiento e introspección, de reconectar contigo mismo, puedes descubrir todo aquello que sin querer está enterrado bajo las muchísimas capas que nos hemos ido poniendo con el paso de los años.

Cualquier momento es bueno para hacer un alto en el camino, escuchar las señales de tu cuerpo y recobrar la energía y motivación, eligiendo un nuevo rumbo o simplemente modificando suavemente tu itinerario. Verás que cuando te escuchas y haces caso a lo que de verdad quieres, todo fluye a tu alrededor, la alegría envuelve a tu lado y la energía surge para impulsarte. Ser consciente de ti mismo, de tu esencia, de tus capacidades, de tus aptitudes y de todo el potencial de tu ser esencial, te ayudará a superar las dificultades y a continuar adelante con la mitad del esfuerzo y movido por tu inercia interior.

Alcanzar un buen autoconocimiento implica proponérselo y hacerlo con disciplina. Aunque en otro post te hablaré más a fondo sobre algunos métodos que me encantan, los más conocidos son: meditar, conectar con la naturaleza, conectar con tus sentimientos y observas las reacciones que producen en tu cuerpo, preguntarte que harías sin parar si tuvieses toda la libertad del mundo…. Piénsalo, ¿no crees que merece la pena dedicar un poco de tiempo a esta tarea?

Nunca es tarde para ampliar tus horizontes, descubrirte y dejar atrás todo lo que pensabas querer y no te llenaba y, como decía Gasset: “ salvarás tus circunstancias y a ti mismo”.

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